Apóstoles de su gracia

Meditación de la Palabra · 30 de octubre de 2026

Meditación de la Palabra del 30 de octubre de 2026

viernes, 30 de octubre de 2026

Dios acaba lo que empieza en nosotros

viernes de la XXX semana del tiempo ordinario

Lecturas del viernes de la XXX semana del tiempo ordinario: Filipenses 1, 1-11; Lucas 14, 1-6.

«El que comenzó en vosotros la obra buena la llevará a término». El apóstol san Pablo escribe a los filipenses desde la cárcel, lleno de alegría. Y no les habla de sus méritos, sino de lo que Dios ha hecho en ellos.

San Juan Crisóstomo se fija en cómo lo dice. El apóstol no les dice «como empezasteis, así terminaréis», sino que fue Dios quien empezó y será Él quien termine. Así les enseña a ser humildes. Santo Tomás de Aquino añade que hasta el primer pensamiento bueno viene de Dios. Todo el bien que hacemos empieza en su gracia.

Y el apóstol pide para ellos que su caridad crezca más y más, en conocimiento y en sensibilidad, para que sepan distinguir lo mejor. Crisóstomo comenta que la medida del amor es no detenerse nunca, y que el amor verdadero tiene discernimiento. Santo Tomás recuerda que solo Dios obra en nosotros la caridad, y por eso hay que pedírsela.

En el Evangelio vemos lo contrario: una ley sin caridad. Los fariseos espían a Jesús durante una comida, y delante de Él hay un hombre enfermo de hidropesía. San Cirilo de Alejandría dice que el enfermo no se atrevía a pedir la curación por miedo a los fariseos. Y el Señor lo curó sin esperar a que se lo pidiera.

Los fariseos callan. San Beda el Venerable explica por qué: sacan a su buey del pozo en sábado, porque les va en ello su dinero, y acusan a Jesús por curar a un hombre. Ellos quebrantan el sábado con su codicia; Jesús lo cumple con su caridad. Y Cirilo añade que al Señor no le importó que se escandalizaran: solo quería hacer el bien.

San Agustín ve en el hidrópico una imagen del avaro. El hidrópico, cuanto más líquido acumula, más sed tiene. El avaro, cuanto más tiene, más desea. Es una sed que nunca se apaga. Pero Beda recuerda que el Señor saca del pozo de la codicia a todos los que están hundidos en él.

Hermanos, la ley de Dios se cumple con amor. Hagamos el bien a quien lo necesite, aunque a alguno le moleste. Huyamos de la avaricia, que nunca se sacia. Y pidamos cada día a Dios que nuestra caridad crezca.

Señor, Tú que comenzaste en nosotros la obra buena, llévala a término, y haz que nuestra caridad crezca más y más, hasta el día de Jesucristo.

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