Apóstoles de su gracia

Meditación de la Palabra · 4 de noviembre de 2026

Meditación de la Palabra del 4 de noviembre de 2026

miércoles, 4 de noviembre de 2026

No recibáis en vano la gracia

Miércoles de la XXXI semana del tiempo ordinario (san Carlos Borromeo, memoria)

Lecturas del miércoles de la XXXI semana del tiempo ordinario: Filipenses 2, 12-18; Lucas 14, 25-33.

«Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre y a su madre, e incluso su propia vida, no puede ser mi discípulo». San Gregorio Magno explica que el Señor no nos manda odiar a los nuestros, sino no apartarnos de Dios por amor a ellos. Y aborrecer la propia vida es negarle sus apetitos desordenados. Y la cruz, añade, se lleva mortificando el cuerpo y haciendo nuestras las necesidades del prójimo.

El Señor pide calcular antes el coste, como quien va a edificar una torre. San Agustín dice que ese coste es renunciar a todo lo que nos enreda. Y san Beda el Venerable precisa que esto lo pide a todos los fieles: tener las cosas sin que las cosas nos tengan a nosotros.

¿Quién puede edificar así? Nadie con sus solas fuerzas. El apóstol san Pablo responde: «Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, según su beneplácito». Sin la gracia de Dios no podemos ni siquiera querer el bien, y mucho menos hacerlo. San Agustín lo dice con claridad: somos nosotros los que queremos, pero es Dios quien hace que queramos el bien; somos nosotros los que obramos, pero es Dios quien hace que obremos.

Santo Tomás de Aquino advierte que la gracia no anula nuestra libertad: Dios mueve la voluntad desde dentro, y nosotros la seguimos libremente. Toda la obra buena viene de Dios, y a la vez es obra nuestra.

Por eso el apóstol pide obrar la salvación «con temor y temblor». Si Dios nos da el querer y el poder, y no obramos, la culpa es nuestra. Y en su segunda epístola a los corintios advierte: «No recibáis en vano la gracia de Dios». San Juan Crisóstomo observa que del obrar nace el obrar, y del no obrar, el no obrar. Así se queda la torre a medias.

Hermanos, pidamos cada día la gracia de Dios en la oración y busquémosla en los sacramentos. Y cuando el Señor nos mueva a hacer el bien, no lo dejemos para mañana.

Señor Jesús, tú que obras en nosotros el querer y el obrar, no permitas que recibamos en vano tu gracia, y danos perseverar hasta el final. Amén.

El vídeo