miércoles, 28 de octubre de 2026
El cimiento que no se ve
san Simón y san Judas, apóstoles (fiesta)
Lecturas de la fiesta de san Simón y san Judas, apóstoles: Efesios 2, 19-22; Lucas 6, 12-19.
«Ya no sois huéspedes ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y de la casa de Dios». El apóstol san Pablo escribe a los cristianos de Éfeso, que venían del paganismo. Antes estaban fuera. Ahora son de la familia de Dios.
Esa casa tiene un cimiento: los apóstoles y los profetas. Pero san Agustín advierte que ni ellos podían sostenerse por su propia fuerza. Por eso el apóstol añade que la piedra angular es Jesucristo. Él une los muros y sostiene todo el edificio.
Agustín señala además algo sorprendente. En una casa de piedra, el cimiento está en lo más hondo de la tierra. En la casa de Dios está arriba, en el cielo, porque Jesucristo se nos ha adelantado allí. Edificar sobre Él es vivir con la mirada puesta en el cielo.
San Jerónimo añade que cada uno de nosotros es una piedra viva de ese templo. Y una piedra, para encajar, tiene que dejarse labrar y pulir hasta perder sus asperezas. Es lo que Dios hace con nosotros por su gracia, que nos mueve a la conversión.
El Evangelio nos muestra cómo se pusieron esos cimientos. Antes de elegir a los Doce, Jesús pasa la noche entera en oración. San Ambrosio pregunta: «¿Qué deberías hacer tú por tu salvación, cuando Cristo pasa la noche orando por ti?». Y el Señor no eligió a sabios ni a ricos, sino a pescadores y publicanos, para que venciera la fuerza de la verdad.
Después baja con ellos al llano, y toda la gente quiere tocarle. San Beda el Venerable dice que tocarle es creer en Él, y que ser tocado por Él es quedar curado.
Entre los Doce están san Simón el Zelote y san Judas Tadeo, cuya fiesta celebramos. Del Evangelio apenas sabemos de ellos más que el nombre. La tradición los recuerda predicando juntos en Persia y muriendo allí mártires. Son cimiento, y el cimiento no se ve, pero sostiene la casa.
Hermanos, ya no somos forasteros: somos miembros del Pueblo de Dios. Permanezcamos firmes en la fe de los apóstoles, recemos cada día y dejemos que el Señor nos labre como piedras vivas de su templo.
Señor Jesús, piedra angular de tu Iglesia, edifícanos sobre el cimiento de los apóstoles y haz de nosotros templos vivos del Espíritu Santo.